miércoles, 21 de noviembre de 2012

Alpargatas de la nueva era y las crocs.

En mi país, Venezuela, fueron y son utilizadas unas zapatillas oriundas de aquí.
Se llaman alpargatas y son unos zapatos feísimos, pero son tradición y entiendo cuando en un baile nacional es necesario utilizarlas con liqui-liqui, el traje con el que dichos zapatitos van a juego.
¿Pero cuál es mi incomodidad aquí?
Que las mismas personas que opinaron que esos zapatos eran espantosos y una creación del Satanás de la moda, ahora las usan. Pero claro, no son alpargatas porque ahora un diseñador, si no me equivoco, estadounidense; decidió comprar unas aquí y llevarlas a su país para ponerles su nombre en la suela. Pues dicho calzado pasó de costar  tres lochas a costar unos cuantos (bastantes) dólares. Todo por tener el nombre de un diseñador de renombre. Ajá que haga lo que quiera, a mí no me importa porque igual no las voy a comprar. Pero estoy en la certeza de que Meryl Streep en "El diablo viste de Prada" estría fulminándonos con la mirada y mandándonos a pulir sus zapatos mientras freímos espárragos por tomar la decisión de usarlas.
Pero estos zapatitos son hermosos en comparación con otros que están de moda: Las maravillosas crocs. Por algo el logo es un cocodrilo, porque al ponértelo, pareciera que una lagarto mantuviese tu pie cautivo en su boca. El pie se te ve como la pata de un pato y pareciera que caminaras como uno con problemas de crecimiento. Y como si el vaso no estuviera bastante lleno ya, agarran unos calcetines y se los ponen ¡junto con las crocs! La excusa de esta gente es "sé que son feos pero son muy cómodos". Perdónenme, acepten la realidad, si no te gustan y los usas la opción mas factible es por simplemente seguir la corriente de la moda porque, para zapatos cómodos encontrarás muchos más atractivos que esos y por la mitad del precio. Admitiré que tengo unas, de diferente modelo, pero crocs al fin. Para cuando me las compré de verdad me gustaban (ya no) y no puedo negar que son cómodas. Si bien las compré para usarlas en mi casa, las llevo a la piscina cuando mucho, ES TOTALMENTE OTRO CASO. Me preguntarán, ¿y por qué las usas si son tan feas como dices? Porque es eso o andar descalza.
Aquí hablando entre nos, si me ponen a elegir entre las alpargatas o las crocs, me quedo con las primeras, por lo menos me servirían para disfrazarme de esclava de las colonias.

La primera depresión de un infante.

Vas a la juguetería, emocionado compras lo que más anhelas desde que lo viste en la televisión. Dice en grande "Heladería de juguete" y piensas "¡Vaya! Haré mi propio helado cada vez que quiera", con dificultad le pasas la caja a tu mamá, que está ahí para acabar con tu necedad y evitar que le repitas cada cinco minutos qué es lo que quieres. Lo paga, a pesar de todo, con gusto; ya sabes, eso de complacer a su hijo menor. 
Con urgencia llegas a tu casa, abres la caja, como persona extraña te dignas a leer las instrucciones y comienzas: agua por aquí, polvo por acá, una pizca de vainilla por allá. Todo va bien. Hasta ahora.
Viene la parte divertida, batir o empezar a darle vueltas.
 Al principio empiezas con entusiasmo y alegría, pero al ver que después del tiempo estimado el líquido pegajoso que utilizas está más cerca del punto de ebullición que al de congelación, inicia una angustia extrema y empiezas a preguntarte "¿Qué estoy haciendo mal?" Ya luego de este pensamiento todo va en picada, le das cada vez más rápido, se te cansa el brazo, sientes que te ejercitas como lo haría Hércules, una gota de sudor resbala por tu frente. Suficiente. Pruebas el monstruo viscoso haciendo una mueca, no sabe mal, pero no es helado. Dejas a un lado el desastre que hiciste con cuidado, vas a tu cuarto, abres tu alcancía y sacas unos billetes. Sales de tu casa, vas a la bodega de tu urbanización y le pides amablemente un helado a la ancianita que reside allí.
 Definitivamente no entiendes por qué los adultos se molestan en frustrar a los niños desde tan pequeños con sus "juguetes". Te comes tu helado casero con gusto y pones a congelar la mezcla rara que obtuviste hace un rato. Haces una carta a la compañía Kreisel diciéndoles el fracaso de su invento, y que no te imaginas el desastre que provocará tratar de hacer bombones con el otro artefacto y la diarrea que supones te daría de probarlo. Porque eso sí, no les basta con hacer un sólo juguete inútil. Tienen que hacer varios.

No todos mis post serán así, no se preocupen. Solamente quise dramatizar un hecho muy divertido.